29 abr 2012

Jornada de oración por las vocaciones


Hoy es la Jornada de oración por las vocaciones. He de pedir y ofrecerme yo mismo para que el Señor siga llamando a los jóvenes a la vida consagrada a Él, al sacerdocio, a la misión… En el Mensaje del Santo padre Benedicto XVI leemos: "Toda vocación específica nace de la iniciativa de Dios; es don de la caridad de Dios. Él es quien da el "primer paso" y no como consecuencia de una bondad particular que encuentra en nosotros, sino en virtud de la presencia de su mismo amor «derramado en nuestros corazones por el Espíritu» (Rm 5,5)". Dios no nos llama porque seamos "buenos", sino porque su Amor elige a personas para consagrarse a Él y manifestar a través de ellas su amor por todos los hombres.
Si las vocaciones son un "don de la caridad de Dios", como nos dice el Papa en su Mensaje no dejemos de pedir con confianza este don tan necesario para la Iglesia, para la Cruzada-Milicia de la Virgen, para nuestras diócesis. Pidamos al Buen Pastor con esta oración de Juan Pablo II a María: 

  
Oh Virgen María, a ti encomendamos nuestra juventud, en especial los jóvenes llamados a seguir más de cerca a tu Hijo.
Tú conoces cuántas dificultades tienen ellos que afrontar, cuántas luchas, cuántos obstáculos.
Ayúdales para que también ellos pronuncien su sí a la llamada divina, como Tú lo hiciste a la invitación del Ángel.
Atráelos a tu corazón, para que puedan comprender Contigo la hermosura y la alegría que les espera, cuando el Omnipotente les llama a su intimidad, para constituirlos en testigos de su Amor y hacerlos capaces de alegrar a la Iglesia con su entrega.

Oh Virgen María, concédenos a todos nosotros poder alegrarnos Contigo, al ver que el amor que tu Hijo nos ha traído es acogido, custodiado y amado nuevamente.

25 abr 2012

Oración a Santa María del Hermano Rafael


Santísima Virgen María: 
Haced que al poner el Señor en mi boca las palabras de David, lleguen al cielo limpias y transparentes, y no manchadas por mis impuros labios, indignos de pronunciarlas. 

Haced, Señora, que sea atendida mi oración... Yo os la ofrezco para que Vos se la presentéis al Señor... Purificad mi intención... perdonad las faltas..., y así, al pasar por vuestras purísimas manos, haréis el milagro de transformar mis débiles alabanzas en canto purísimo que recree a Jesús y se digne a escucharme.

Todo lo espero de Vos..., pues ¿quién soy yo para atreverme a tanto? Pero si tú intercedes..., entonces me atrevo a todo.

¿Y cómo no me vas a oír, si ya sabes que tu pobre trapense tanto te quiere?

¡Oh dulce! ¡oh Virgen María! Ruega por mí y por todos los pecadores como yo. No te olvides, Madre mía, que aunque el más pequeño, soy tu hijo.

26 de abril, día de San Rafael Arnáiz

17 abr 2012

Testigos de Jesús resucitado



Tomás fue el que dijo una vez: "Vayamos también nosotros y muramos con él". Y en la Última Cena expresó al Señor su ignorancia, con la mayor sencillez: "Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino?". Tras la visita de Jesús, que había resucitado, los Apóstoles buscaron a Tomás para decirle: "¡Hemos visto al Señor!" Pero Tomás, como los demás, estaba profundamente afectado por lo que habían visto sus ojos: jamás olvidaría la Crucifixión y Muerte del Maestro. No da ningún crédito a lo que los demás le dicen: "Si no veo la señal de los clavos en sus manos, y no meto mi dedo en esa señal de los clavos y mi mano en su costado, no creeré". Los que habían compartido con él aquellos tres años y con quienes por tantos lazos estaba unido, le repetirían de mil formas diferentes la misma verdad, que era su alegría y su seguridad: "¡Hemos visto al Señor!"
Cuando tras ocho días regresa Jesús, y le dice a Tomás: "Trae aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente".
La respuesta de Tomás es un acto de fe, de adoración y de entrega sin límites: "¡Señor mío y Dios mío!" Son las suyas cuatro palabras inagotables. Su fe brota, no tanto de la evidencia de Jesús, sino de un dolor inmenso por no haber creído y de un inmenso amor, que le lleva a adorar a Cristo su Dios y Señor.
Dice San Gregorio Magno:  "La divina clemencia actuó de modo admirable para que, tocando el discípulo dubitativo las heridas de la carne de su Maestro, sanara en nosotros las heridas de la incredulidad (...). Así el discípulo, dudando y palpando, se convirtió en testigo de la verdadera resurrección". Así las dudas de Tomás sirven para confirmar la fe de los que más tarde habrían de creer.

Si nuestra fe es firme, también se apoyará en ella la de otros muchos. Es preciso que nuestra fe en Jesucristo vaya creciendo de día en día, que aprendamos a mirar los acontecimientos y las personas como Él los mira, que nuestro actuar en medio del mundo esté vivificado por la doctrina de Jesús. Pero, en ocasiones, también nosotros nos encontramos faltos de fe como el Apóstol Tomás. Tenemos necesidad de más confianza en el Señor ante las dificultades en el apostolado, ante acontecimientos que no sabemos interpretar desde un punto de vista sobrenatural, en momentos de oscuridad, que Dios permite para que maduremos en lo espiritual...
¡Señor mío y Dios mío! ¡Mi Señor y mi Dios! Estas palabras han servido como acto de fe en la presencia real de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía, al pasar delante de un sagrario, en el momento de la Consagración en la Santa Misa... También nos ayudan a actualizar nuestra fe y nuestro amor a Cristo resucitado, realmente presente en la Hostia Santa.

El Señor le contestó a Tomás: "Porque me has visto has creído. Dichosos los que crean sin haber visto".
La Resurrección del Señor es una llamada a que manifestemos con nuestra vida que Él vive. Las obras del cristiano deben ser fruto y manifestación del amor a Cristo.
Jesucristo nos pide también que le confesemos con obras delante de los hombres, de forma valiente siendo testigos de su Amor. Pensemos en nuestro trabajo, en nuestra familia y amigos, en el ambiente que nos rodea: ¿se nos conoce como personas que llevan vida de fe?, ¿nos falta audacia en el apostolado?, ¿somos ese cauce para que Cristo vivo llegue a los demás?... Somos de verdad TESTIGOS???

Pidamos a Nuestra Madre, la Virgen María, que nos ayude a manifestar con nuestra conducta y nuestras palabras que Cristo vive para que, manteniéndonos firmes en nuestra fe, sirvamos de apoyo a la fe de muchos.

16 abr 2012

La conversión de Alexis Carrel


"Virgen Santa, socorro de los desgraciados que te imploran humildemente, sálvame.
Creo que Tú has querido responder a mi duda con un gran milagro. No lo comprendo, y dudo todavía. Pero mi gran deseo y el objeto supremo de todas mis aspiraciones es ahora creer, creer apasionadamente y ciegamente, sin discutir ni criticar nunca más.
Tu nombre es más bello que el sol de la mañana. Acoge al inquieto pecador que, con el corazón turbado y la frente surcada por las arrugas, se agita corriendo tras las quimeras.

Bajo los profundos y duros consejos de mi orgullo intelectual yace, desgraciadamente ahogado todavía, un sueño, el más seductor de todos los sueños:
el de creer en Ti y el de amarte como aman los monjes de alma pura."

Alexis Carrel

Biólogo y médico francés, Alexis Carrel recibió en 1912 el premio Nobel de Medicina por desarrollar un método de sutura para detener las hemorragias. Profesaba el agnosticismo.
Corría el año de 1903, los milagros de Lourdes inquietan a Alexis, el cual decide ponerse al frente de un equipo médico, llevando en peregrinación a 300 enfermos. En el hospital de los Sept-Douleurs le piden que chequee a la paciente María Bailly que se encontraba grave. Después de auscultarla emitió su diagnóstico: “Peritonitis tuberculosa. Está en el último grado de caquexia. Puede vivir todavía algunos días, pero está perdida”.

La enfermera que la cuidaba le expresa el deseo de la enferma de ser llevada a la fuente milagrosa. Los médicos acceden y Carrel se ofrece a acompañarla. Llegado al sitio, asombrado Carrel contempló la milagrosa curación: “estoy alucinado”. Todos los médicos la vuelven a examinar y el dictamen es unánime: “esta enferma está completamente curada, es indiscutible”.

Ya al final de su vida, Alexis Carrel escribió:
“Quiero creer y creo todo lo que la Iglesia católica quiere que creamos. Y no experimento en ello ninguna dificultad, ya que no encuentro ninguna oposición real con los datos reales de la ciencia”.

Para conocer su obra, haz click en el enlace:

14 abr 2012

Domingo de la Divina Misericordia

Es muy fácil rezar en este Domingo de la Octava de Pascua. Basta ponernos en presencia de Jesucristo resucitado y recibir los inmensos regalos que en el evangelio de hoy nos entrega:
- Nos regala su Paz: "¡Paz a vosotros!"
- Nos muestra las señales de su amor hasta el extremo: "Les enseñó las manos y el costado".
- Nos confía su misión: "Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo".
- Nos entrega su Espíritu Santo para el perdón de nuestros pecados: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados".

El Beato Juan Pablo II instituyó que este Domingo se celebrara la Fiesta de la Divina Misericordia, según las revelaciones privadas del Señor a Santa Faustina Kowalska. A través de ella el Señor Jesús transmite al mundo el gran mensaje de la Divina Misericordia y presenta el modelo de la perfección cristiana basada sobre la confianza en Dios y la actitud de caridad hacia el prójimo.
Podemos meditar en las palabras que recoge la santa en su Diario sobre esta Fiesta:

"Una vez, oí estas palabras: Hija Mía, habla al mundo entero de la inconcebible misericordia Mía. Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mí misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata. Mi misericordia es tan grande que en toda la eternidad no la penetrará ningún intelecto humano ni angélico. Todo lo que existe ha salido de las entrañas de Mi misericordia. Cada alma respecto a mí, por toda la eternidad meditará Mi amor y Mi misericordia. La Fiesta de la Misericordia ha salido de Mis entrañas, deseo que se celebre solamente el primer domingo después de la Pascua. La humanidad no conocerá paz hasta que se dirija a la Fuente de Mi misericordia" (Diario 699).

En estos días de Pascua nos hemos acercado al Sacramento del perdón y están nuestras almas dispuestas para honrar la misericordia infinita del Corazón de Cristo y alcanzar grandes gracias para nosotros y para este mundo tan necesitado de conocer el amor y la misericordia de Dios. También podemos hacerlo alrededor de esta fiesta para gozar del abrazo misericordioso del Padre de los cielos. Gozando de la misericordia de Dios, seamos sus testigos para tantas almas y corazones desgarrados y necesitados de ser reconstruidos de nuevo. Él nos dice como a Santa Faustina:
"Proclama que la misericordia es el atributo más grande de Dios. Todas las obras de mis manos están coronadas por la misericordia".

Milicia de Santa María

11 abr 2012

La hora del vértigo



Decía Bernanos que el misterio de toda vida cristiana consiste en descubrir qué lugar del Evangelio nos ha sido destinado, qué frase evangélica fue escrita por y para nosotros. El novelista francés decía que todo cristiano ha tenido una antevida contemporánea a Cristo y que cada uno de nosotros se cruzó un día con Jesús en algún lugar de Palestina. Descubrir qué rincón es ése, qué palabra fue pronunciada por Cristo en ese encuentro sería la clave de toda vocación cristiana.
Bernanos mismo decía haber encontrado ya su “sitio” y se declaraba, como varios de sus personajes, “prisionero de la Santa Agonía”.
Hace falta realmente mucho valor para atreverse a centrar una vida en el Huerto de los Olivos. Yo, ciertamente, no me atrevería. Porque siempre que trato de asomarme, aunque sea fugazmente, a esta hora, siento que el vértigo se apodera de mí y es mas fuerte que yo. Pues, si he de ser sincero, he de confesarme a mí mismo que el vértice de la pasión de Cristo hay que situarlo mucho mas en la noche del jueves que en la tarde del viernes.
Y es que nos hemos obsesionado demasiado con la muerte física y material de Cristo. Resulta – no voy yo a negarlo – escalofriante que muera el Hijo de Dios vivo. Pero, en definitiva, ¿morir no es una simple consecuencia de haberse hecho hombre? Guillén ha cantado que, “para ser el hombre más humano”, Jesús tenía que sufrir y morir. Cristo no se disfrazó de hombre durante unos meses o años. No podía, pues, volver indemne a su cielo tranquilo.
Por eso pensaba Góngora que era mucho más importante la noche de Navidad que la tarde de la Agonía. Ya que – decía – “hay distancia más inmensa de Dios a hombre que de hombre a muerte”. Según ello, Cristo habría dado un gran salto de la eternidad al tiempo al venir a la Tierra, y un pequeño salto desde la vida a la eternidad a la hora de morir; un salto, en definitiva, gemelo al que antes y después que El, darían millones y millones de hombres.
Así las cosas – y si el lector no se escandaliza - podría preguntarse si no le habremos dado una excesiva importancia a la materialidad de esos sufrimientos y de esa muerte. Y hasta podría desconcertarnos que Cristo temiera y temblara antes de esa marcha que a muchos otros hombres no hizo temer ni temblar. Si la muerte de Cristo fuera importante sólo por el volumen de sus sufrimientos, habría que pensar que tanto o mas que El han sido torturados muchos otros hombres desde que el mundo es mundo. Y hasta podría pensarse que , vista desde afuera, la muerte de Jesús no tuvo más dignidad que muchas otras muertes.
En lo externo, la agonía de Cristo no tuvo el equilibrio de la muerte de Sócrates, ni la arrogancia de la de Alvaro de Luna, ni la paz de la de Juan XXIII. Ironizando, podríamos decir que muchos santos murieron “mejor” que El.
Tiene que haber, entonces, un misterio más hondo, algo que haga más vertiginosa la muerte de Cristo que el puro hecho de morir. La clave de la pasión de Cristo no pudo ser la anécdota de entregar la vida. El “cáliz” del que pedía ser dispensado tiene que ser distinto y mucho más terrible que espinas, azotes, clavos y cruz.
Y es que no se trataba simplemente de morir, sino ante todo y sobre todo de redimir, de hacer suyos los pecados del mundo. Todos. Ahora sí hemos entrado realmente en el vértigo. Porque no se trataba simplemente de “cargar” con los pecados del mundo, como se echa un saco sobre las espaldas. Una traducción demasiado literal del Agnus Dei nos ha acostumbrado a pensar que Cristo cogió o quitó los pecados del mundo como coge el faquín una maleta o como se quita un estorbo de sobre una mesa. Tomar así el pecado, como con pinzas, no hubiera resultado demasiado doloroso. Se hubiera tratado simplemente de vencer un poco el asco y de limpiarse luego las manos del alma con alcohol.
Pero eso no hubiera sido redimir. La redención lleva consigo el que la víctima tome literalmente el lugar del ofensor, haciendo suya la culpa, encarnándola de algún modo.
San Pablo, que no era demasiado amigo de metáforas, lo dijo aún más brutalmente al afirmar no sólo que Cristo hiciera suyos los pecados, sino que El mismo “se hizo pecado”.
Aquí sí que hemos llegado verdaderamente al terror. Y tenemos que contradecir a Góngora, pues “si hay distancia más inmensa de Dios a hombre que de hombre a muerte”, hay distancia mucho más inmensa de Dios a pecado que de Dios a hombre. El hombre no es lo contrario de Dios. Pero, asumiendo el pecado, Dios hacía suyo lo contrario de Sí mismo : volvía, podríamos decir, su alma del revés.