22 jul 2011

¡Madre, que no nos cansemos!

¡Madre nuestra!
¡Una petición!: ¡Que no nos cansemos!
Aunque el desaliento por el poco fruto
o por la ingratitud nos asalte,
aunque la flaqueza nos ablande,
aunque el furor enemigo
nos persiga y nos calumnie,
aunque nos falten el dinero
y los auxilios humanos,
aunque vinieran al suelo nuestras obras
y tuviéramos que empezar de nuevo...
¡Madre querida...! ¡Que no nos cansemos!
Firmes, decididos, alentados,
sonrientes siempre,
con los ojos de la cara fijos
en el prójimo y en sus necesidades,
para socorrerlos;
y con los ojos del alma fijos
en el Corazón de Jesús,
que está en el Sagrario,
ocupemos nuestros puestos,
el que a cada cual ha señalado Dios.
¡Nada de volver la cara atrás!
¡Nada de cruzarse de brazos!
¡Nada de estériles lamentos...!
Mientras nos quede una gota
de sudor o de sangre que derramar,
unas monedas que repartir,
un poco de energía que gastar,
una palabra que decir,
un aliento de nuestro corazón,
un poco de fuerza en nuestras manos
o en nuestros pies...
que puedan servir para dar gloria a Él y a Ti,
y para hacer un poco de bien a nuestros
hermanos...
¡Madre mía, por última vez!
¡Morir antes que cansarnos!
Amen.

Beato Manuel González
Obispo del Sagrario Abandonado
Fundador de la Misioneras Eucarísticas de Nazaret

21 jul 2011

Viaje Misión, 10 al 19 de junio del 2011. Testimonio de Luisa Ortega SFO

Mateo 5: 13-19
Ustedes son la sal de la tierra. Y si la sal se vuelve desabrida, ¿con qué se le puede devolver el sabor? Ya no sirve para nada sino para echarla a la basura o para que la pise la gente. Ustedes son luz para el mundo. No se puede esconder una ciudad edificada sobre un cerro. No se enciende una lámpara para esconderla en un tiesto, sino para ponerla en un candelero a fin de que alumbre a todos los de la casa. Así, pues, debe brillar su luz ante los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre de ustedes que está en los cielos.


Queridos Hermanos, hermoso momento escogió Dios para este encuentro con Cristo crucificado, pero también con Cristo resucitado. Después de una larga espera, vuelvo a caminar los caminos de Villa el Salvador. Mi corazón, lleno de tantas emociones, espera pacientemente la salida del vuelo en el aeropuerto de Miami. Es sábado, junio 11, 4:30 a.m. cuando llegamos a Lima. El clima, a nuestra sorpresa, es cálido. Al amanecer, también a nuestra sorpresa, brilla el sol. Lo normal en Lima para este tiempo es que esté frio y nublado. Tal pareciera que la naturaleza también se alegraba con nuestra llegada.
Vamos camino a Villa, la alegría ensancha nuestros corazones. Los que ya llevamos años yendo esperamos con ansias este nuevo encuentro. Los nuevos, aguardan su primer encuentro con miles de preguntas, a las que poco a poco irán encontrando la respuesta. En camino a Villa, una de las maletas cae a la carretera, y alguien se apresura a su encuentro, pero a la vez uno de nuestros compañeros va por ella. Ahí ya ocurre el primer encuentro con la necesidad de estos hermanos. Una simple maleta, ¿quién sabe con qué?, pero de igual manera vale la pena alcanzarla. Pensaba yo: ¿qué necesidad tendrá esta persona hoy día? Mientras, el auto se alejaba.
Ha llegado el momento. Nos bajamos del auto que ha ido por nosotros, y con gran gozo, nos esperan las señoras que nos atienden durante la estadía en la casa retiro. Abrazos, besos, y un gran regocijo embarga el lugar, y los corazones que ansiosamente nos han esperado por un año. Ahora es momento de cada cual instalarse en su habitación. Tiempo de orar, desayunar, y organizar las actividades del día.
Hoy Dios nos bendice con el P. Pedro Kitts, que viene a darnos una charla sobre la presente situación en el Perú. Un hombre de gran conocimiento y vivencias. Una vez más resalta la “luz”. Al llegar nos recibe un día soleado, en el tema nos habla de la luz, la visión, y los ojos. Son detalles que van hablando al corazón, y abriéndonos a la experiencia de esta vivencia. ¿Qué nos está comunicando Dios ya? Es importante estar abiertos a escuchar para así captar el mensaje, pues en cada palabra Dios nos da un mensaje de amor. Un amor que debemos llevar a los demás. Primero nos envuelve en su Amor, luego nos envía a ser Amor. Cualquier distracción nos haría perder ese momento de gracia.
¡Vigilia de Pentecostés! Estamos, como grupo, invitados a la Vigilia de Pentecostés en un parque cerca de un orfanato de las hermanas del Cenáculo. Ya era tarde, y cansados del viaje, pero el Espíritu anima y se dejaba sentir. Compartimos momentos de alabanzas con la comunidad, representación en vivo de la conversión de S. Pablo, actuada por los mismos jóvenes de la comunidad, y miembros del Cenáculo. Curioso, que mientras vivíamos este momento en el Espíritu, había música estridente en alguna casa cercana, pero eso no impedía que el Espíritu se moviera entre nosotros cautivando nuestra atención, y llenándonos de gozo. ¡Que momento de gracia! Una verdadera bendición. No había manera de retirarnos temprano, pues de irnos, hubiera quedado un vacio entre la comunidad, y el Señor nos llevo para uniros como hermanos, y familia. No hay distinción de raza, ni color. Todos somos uno en el Cuerpo de Cristo. Ha llegado el momento de la despedida. Ahora es regresar a la casa, oración, compartir de experiencias, y dormir.   

Constructor de Puentes



Autor: José Luis Martín Descalzo

De todos los títulos que en el mundo se conceden, el que más me gusta es el de Pontífice, que quiere decir literalmente constructor de puentes. Un título que, no sé por qué, han acaparado los obispos y el Papa, pero que en la antigüedad cristiana se refería a todos los sacerdotes y que, en buena lógica, iría muy bien a todas las personas que viven con el corazón abierto.
Es un título que me entusiasma porque no hay tarea más hermosa que dedicarse a tender puentes hacia los hombres y hacia las cosas. Sobre todo en un tiempo en el que tanto abundan los constructores de barreras. En un mundo de zanjas, ¿qué mejor que entregarse a la tarea de superarlas?
Pero hacer puentes —y, sobre todo, hacer de puente— es tarea muy dura. Y que no se hace sin mucho sacrificio. Un puente, por de pronto, es alguien que es fiel a dos orillas, pero que no pertenece a ninguna de ellas (...) .
Mas si el puente no pertenece por entero a ninguna de las dos orillas, sí tiene que estar firmemente asentado en las dos. No «es» orilla, pero sí se apoya en ella, es súbdito de ambas, de ambas depende. Ser puente es renunciar a toda libertad personal. Sólo se sirve cuando se ha renunciado.
Y, lógicamente, sale caro ser puente. Este es un oficio por el que se paga mucho más que lo que se cobra. Un puente es fundamentalmente alguien que soporta el peso de todos los que pasan por él. La resistencia, el aguante, la solidez son sus virtudes. En un puente cuenta menos la belleza y la simpatía —aunque es muy bello un puente hermoso—; cuenta, sobre todo, la capacidad de servicio, su utilidad.

16 jul 2011

Ante la Eucaristía…Ven…Acompáñame

  
   Me gusta verte. Me gusta que me entregues tus problemas y preocupaciones. Te voy a enseñar a hablarme con el corazón.

Pero primero tienes que convencerte que realmente estoy frente a ti. Lo que tienes frente a ti en las especies sacramentales es el milagro mas hermoso que mi Padre les ha permitido. Lo que ves no es un símbolo de mi presencia: soy Yo, Jesús, al que ves encerrado en el sagrario. Soy Yo, el hijo de Dios Padre, que se hizo hombre para salvarte. Sí, para salvarte a ti, porque me importas mucho. Tu alma es muy preciada para mi.

Quiero que en este momento solo pienses en Mi. Piensa en el amor que te tengo, piensa que conozco hasta el mas profundo de tus pensamientos. No podrías ocultarme nada aunque quisieras. Ya me presente, ya sabes con quien estas. Ahora es tu turno de hablar. Como dije, te conozco muy bien, pero me alegraría mucho que poco a poco fueras contándome tus cosas, como quien quita los pétalos de una rosa hasta dejarla totalmente desnuda. Así quiero que me presentes tu alma. Así lo harás, si te dejas llevar por mi amor y aprendes a hablar con el corazón.
  
   Piensa que estás visitando a un amigo en el que puedes confiar y que te va a ayudar siempre, no importa que lo niegues o lo desilusiones. No sientas temor de contarme eso que te duele y que no ha sanado todavía. Dame la oportunidad de ayudarte. Mi corazón solo ansía sanarte.
  
   Dime, amigo mío, ¿qué te preocupa?¿ Qué te atormenta? ¿Quién te hace sufrir?. Pide todo lo que tu corazón desee. Pide que me gusta que tengas necesidad de mí. Porque el que tiene necesidad de mí, será saciado. Nunca un alma que me busque sentirá mi indiferencia, porque esa palabra no la conozco. No quiero que te preocupes por cosas de este mundo como son el prestigio y el dinero. Se puede vivir sin prestigio y así quiero que mis criaturas vivan porque la fama de los humanos me repugna. El dinero es necesario pero no esencial. Trabaja con el sudor de tu frente para ganarlo. No lo acumules para sentirte seguro en este mundo. Quiero que entiendas que la unica seguridad verdadera soy Yo. Nunca vas a estar sin Mí aunque me rechaces. Si el dinero es un estorbo para la salvación de tu alma, despréndete de él. Regálalo antes que te contamine como el peor de los cánceres. El dinero corrompe, te hace sentir como un dios y te aleja del buen camino. Si necesitas dinero para pagar tus obligaciones, primero trabaja mucho y luego pídemelo, que te lo daré,   si creo que es justo.

13 jul 2011

El milagro de las manos vacías

Del libro Razones para el amor,
de José Luis Martín Descalzo

En mis años de seminarista me explicaron muchas veces que también en el mundo de las almas regía el viejo principio de que «nadie da lo que no tiene». Pero la verdad es que ahora -treinta años después- yo no estoy tan seguro. Y creo que es más cierta la afirmación de Urs von Balthasar cuando escribe que «el privilegio del cristiano es poder dar más, infinitamente más, de lo que posee». Voy a ver si consigo explicarme.

Recuerdo aún hoy cuánto me escandalizó, en mis años de estudiante de teología, la conferencia de un sacerdote -un apóstol brillante y muy conocido en la España de entonces- que nos decía que no era necesario ser santos para ser eficaces apostólicamente. La idea me pareció entonces disparatada y me lo sigue pareciendo en el tono en el que aquel conferenciante lo decía: como si la inteligencia, la técnica oratoria, la picardía pudieran suplir a la santidad y el amor. Nunca he creído ni en la inteligencia ni en la técnica referidas al mundo de la gracia. Son, me parece, lo que la flanera al flan: que si se hace con huevos podridos, resultará incomible por muy buena que la flanera sea. Siempre me interesará más la carga interior de lo que se dice que los adjetivos con que se ornamenta. Aunque pienso también que unos contenidos serios exigen del orador o el apóstol tomarse muy en serio los métodos de transmisión. Pero sabiendo que son eso: simples métodos.

Sin embargo, en la idea hay una pizca de verdad y hay muchísima tal como Balthasar la formula. Y es que treinta años de ministerio me han enseñado que uno puede dar mucho más de lo que personalmente tiene. Y esto por una razón elemental: en rigor, en el mundo de la gracia ningún hombre da nada. Dios es el único que puede dar, él solo. Y la experiencia de cualquier sacerdote o de cualquier cristiano es que, si él no pone demasiados obstáculos, Dios da a través de nosotros cosas que nosotros ni llegamos a sospechar. Es lo que Bernanos llamaba «el dulce milagro de las manos vacías», a través de las cuales puede pasar el torrente de Dios.


11 jul 2011

Dentro de un Carmelo, un día casi casi en el cielo

He pensado que quizá os gustase leer una historia que, a pesar de su sencillez, es bastante inusual: Mi experiencia en el interior de un Carmelo. Sí, en el interior, porque el día 1 de junio de 2009 lo pasé dentro de la clausura del convento de las Carmelitas Descalzas de Mancera de Abajo (Salamanca). Un día casi casi... en el cielo.

La historia comenzó así:
 El día 20 de mayo de 2009 recibí el siguiente mail:
“Las Carmelitas Descalzas de Mancera (Salamanca) nos han pedido  si podemos conseguirles un ordenador (y pantalla) de segunda mano. Por tanto si alguno de vosotros tiene pensado deshacerse de alguno por la razón que sea, y todavía está en uso, decírmelo para recogéroslo. Yo me ocuparé de formatearlo y de instalarle los programas que necesitan. Saludos.”
Lo firmaba el padre de una joven novicia de 19 años, que acababa de hacer sus votos temporales en ese Carmelo. Yo respondí con entusiasmo lo siguiente:
“¡Yo tengo uno! Hewlett-Packard Pavillion que funciona bastante bien con pantalla de LCD.¡Qué fácil es hacer el bien! Me pongo en contacto con ellas ya!”

Y llamé por teléfono al número del Carmelo que encontré en Internet... así, sin pensármelo. Las carmelitas me atendieron muy divertidas por mi forma de hablar, decían que yo era “muy graciosa” ¿eh, a qué se referían? Me atendió la Superiora, Madre Paloma, y la hermana experta en informática, hermana Isabel, para concretar lo que necesitaban. Les dije: “Tengo que instalar los programas, conseguir un adaptador, y colocarles algunas cosillas (altavoces, ratón óptico, etc). Cuando esté todo listo se lo pienso llevar yo, in person.”

Dicho y hecho. El 1 de junio me pedí el día libre en la oficina y marché a Mancera de Abajo. Es un pueblo muy pequeño cercano a Peñaranda de Bracamonte. Cuando llegué al convento, llamé y, desde el otro lado del torno, una voz muy simpática me daba montones de explicaciones. Mientras esperaba, hice la foto que os adjunto.


EL CARMELO ES TODO DE MARÍA ...Qué bonita frase, qué verdadera, y yo... qué nerviosa estaba... no sabía si me dejarían entrar. Entonces la voz me dijo: “Hermana Pilar, lleva el coche hasta la puerta grande”.
Cuando estaba frente a la enorme puerta de hierro, ¡se abrió! Y allí estaba una monja con su rostro cubierto por un velo negro que le llegaba hasta los pies. Entré al precioso jardín del convento, con setos, árboles altos, flores,... aparqué y salí. Descargué todo lo que llevaba en el coche y entonces se descubrió el rostro. Era una monjita con rostro muy alegre que me invitó a entrar por una estrecha puerta que abrió... ¡¡Dios mío!! yo estaba entrando en la clausura de un Carmelo.

Teresa de Jesús, Teresita de Lissieux, Edith Stein, Madre Maravillas,... cuántas mujeres impresionantes habían cruzado un día el umbral de la clausura de un Carmelo. Se me puso un nudo en la garganta...

CONTINUARÁ...