Mateo 5: 13-19
Ustedes son la sal de la tierra. Y si la sal se vuelve desabrida, ¿con qué se le puede devolver el sabor? Ya no sirve para nada sino para echarla a la basura o para que la pise la gente. Ustedes son luz para el mundo. No se puede esconder una ciudad edificada sobre un cerro. No se enciende una lámpara para esconderla en un tiesto, sino para ponerla en un candelero a fin de que alumbre a todos los de la casa. Así, pues, debe brillar su luz ante los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre de ustedes que está en los cielos.
Queridos Hermanos, hermoso momento escogió Dios para este encuentro con Cristo crucificado, pero también con Cristo resucitado. Después de una larga espera, vuelvo a caminar los caminos de Villa el Salvador. Mi corazón, lleno de tantas emociones, espera pacientemente la salida del vuelo en el aeropuerto de Miami. Es sábado, junio 11, 4:30 a.m. cuando llegamos a Lima. El clima, a nuestra sorpresa, es cálido. Al amanecer, también a nuestra sorpresa, brilla el sol. Lo normal en Lima para este tiempo es que esté frio y nublado. Tal pareciera que la naturaleza también se alegraba con nuestra llegada.
Vamos camino a Villa, la alegría ensancha nuestros corazones. Los que ya llevamos años yendo esperamos con ansias este nuevo encuentro. Los nuevos, aguardan su primer encuentro con miles de preguntas, a las que poco a poco irán encontrando la respuesta. En camino a Villa, una de las maletas cae a la carretera, y alguien se apresura a su encuentro, pero a la vez uno de nuestros compañeros va por ella. Ahí ya ocurre el primer encuentro con la necesidad de estos hermanos. Una simple maleta, ¿quién sabe con qué?, pero de igual manera vale la pena alcanzarla. Pensaba yo: ¿qué necesidad tendrá esta persona hoy día? Mientras, el auto se alejaba.
Ha llegado el momento. Nos bajamos del auto que ha ido por nosotros, y con gran gozo, nos esperan las señoras que nos atienden durante la estadía en la casa retiro. Abrazos, besos, y un gran regocijo embarga el lugar, y los corazones que ansiosamente nos han esperado por un año. Ahora es momento de cada cual instalarse en su habitación. Tiempo de orar, desayunar, y organizar las actividades del día.
Hoy Dios nos bendice con el P. Pedro Kitts, que viene a darnos una charla sobre la presente situación en el Perú. Un hombre de gran conocimiento y vivencias. Una vez más resalta la “luz”. Al llegar nos recibe un día soleado, en el tema nos habla de la luz, la visión, y los ojos. Son detalles que van hablando al corazón, y abriéndonos a la experiencia de esta vivencia. ¿Qué nos está comunicando Dios ya? Es importante estar abiertos a escuchar para así captar el mensaje, pues en cada palabra Dios nos da un mensaje de amor. Un amor que debemos llevar a los demás. Primero nos envuelve en su Amor, luego nos envía a ser Amor. Cualquier distracción nos haría perder ese momento de gracia.
¡Vigilia de Pentecostés! Estamos, como grupo, invitados a la Vigilia de Pentecostés en un parque cerca de un orfanato de las hermanas del Cenáculo. Ya era tarde, y cansados del viaje, pero el Espíritu anima y se dejaba sentir. Compartimos momentos de alabanzas con la comunidad, representación en vivo de la conversión de S. Pablo, actuada por los mismos jóvenes de la comunidad, y miembros del Cenáculo. Curioso, que mientras vivíamos este momento en el Espíritu, había música estridente en alguna casa cercana, pero eso no impedía que el Espíritu se moviera entre nosotros cautivando nuestra atención, y llenándonos de gozo. ¡Que momento de gracia! Una verdadera bendición. No había manera de retirarnos temprano, pues de irnos, hubiera quedado un vacio entre la comunidad, y el Señor nos llevo para uniros como hermanos, y familia. No hay distinción de raza, ni color. Todos somos uno en el Cuerpo de Cristo. Ha llegado el momento de la despedida. Ahora es regresar a la casa, oración, compartir de experiencias, y dormir.